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sábado, 25 de diciembre de 2010

Dear God....





God grant me the serenity to accept the things I cannot change;

courage to change the things I can;

and wisdom to know the difference.

Living one day at a time;

Enjoying one moment at a time;

Accepting hardships as the pathway to peace;

Taking, as He did, this sinful world as it is, not as I would have it;

Trusting that He will make all things right if I surrender to His Will;

That I may be reasonably happy in this life and supremely happy with Him

Forever in the next.

Amen.
 

domingo, 19 de diciembre de 2010

Los Derechos y la Delincuencia

Hace poco, las madres de los delincuentes encarcelados en Chile realizaron una manifestación exigiéndo los "DERECHOS DE SUS HIJO"...

Una madre ciudadana escribió lo siguiente al ver estas manifestaciones:

De Madre a Madre:
Vi tu enérgica protesta delante de las cámaras de TV en la reciente manifestación en favor de la reagrupación de presos y su transferencia a cárceles cercanas a sus familiares, y con mejores prestaciones.

Vi como te quejabas de la distancia que te separa de tu hijo y de lo que supone económicamente para tí ir a visitarlo como consecuencia de esa distancia.

Vi también toda la cobertura mediática que dedicaron a dicha manifestación, así como el soporte que tuviste de otras madres en la misma situación y de otras personas que querían ser solidarias contigo y que contabas con el apoyo de algunas organizaciones y sindicatos populistas, comisiones pastorales, órganos y entidades en defensa de los derechos humanos, ONGs etc. etc.

Yo también soy madre y puedo comprender tu protesta e indignación.

Enorme es la distancia que me separa de mi hijo.

Trabajando mucho y ganando poco, idénticas son las dificultades y los gastos que tengo para visitarlo. Con mucho sacrificio sólo puedo visitarlo los domingos porque trabajo incluso los sábados para el sustento y educación del resto de la familia. Felizmente, también cuento con el apoyo de amigos, familia, etc.

Si aún no me reconoces, yo soy la madre de aquel joven que se dirigía al trabajo con cuyo salario me ayudaba a criar y mandar a la escuela a sus hermanos menores, y que fue asaltado y herido mortalmente a balazos disparados por tu hijo.


En la próxima visita, cuando tú estés abrazando y besando a tu hijo en la cárcel yo estaré visitando al mío y depositándole unas flores en su tumba, en el panteón.

¡Ah! Se me olvidaba: ganando poco y sosteniendo la economía de mi casa, a través de los impuestos que pago, tu hijo seguirá durmiendo en un colchón y comiendo todos los días. O dicho de otro modo: seguiré sosteniendo a tu hijo malhechor.

Ni a mi casa, ni en el cementerio, vino nunca ningún representante de esas entidades que tan solidarias son contigo para darme apoyo ni dedicarme unas palabras de aliento.

¿dónde quedan los derechos de las víctimas?


Sangre Triste

viernes, 17 de diciembre de 2010

PROTECCIÓN DE LOS DERECHOS DE LA POBLACIÓN INDÍGENA DE BRASIL

Treinta y cinco familias guaraníes kaiowá de la comunidad de Laranjeira Ñanderu, incluidos unos 85 menores, viven en chozas improvisadas junto a la transitada carretera BR-163, en Mato Grosso do Sul. Sus condiciones de vida son deplorables y sufren las amenazas y el hostigamiento de los guardas de seguridad armados contratados por el terrateniente y los agricultores locales.
Las familias fueron desalojadas de las tierras tradicionales en septiembre de 2009. La Policía Federal, que supervisó el desalojo, comunicó al terrateniente que la comunidad regresaría para recoger el resto de sus pertenencias. Sin embargo, el terrateniente quemó las casas de las familias y todas sus pertenencias. La comunidad vive ahora en chozas cubiertas de planchas de plástico negro a temperaturas de más de 30º C. La zona se inunda con frecuencia y el campamento está plagado de insectos y sanguijuelas. Según algunos miembros de la comunidad, los agricultores locales pasan con sus autos a gran velocidad junto a la comunidad durante la noche y enfocan las luces hacia las chozas para intentar intimidarles.
Alrededor de 30.000 guaraníes kaiowá viven en el estado de Mato Grosso do Sul, en el centro-oeste del país. Desde hace más de un siglo, la expansión de la agricultura en gran escala expulsa a sus comunidades de sus tierras, proceso que continúa en la actualidad. Las consecuencias para las comunidades afectadas son, a menudo, devastadoras.
El hecho de que las autoridades brasileñas no hayan garantizado el derecho a la tierra de los pueblos indígenas de Mato Grosso do Sul ha intensificado las privaciones económicas y los trastornos sociales que padecen las comunidades guaraníes kaiowá. Al negarles el acceso a sus tierras tradicionales, los guaraníes kaiowá no tienen más remedio que trabajar en el mosaico de fincas que cubre el estado. Más de la mitad de los varones jóvenes guaraníes kaiowá recorren grandes distancias dentro del estado para trabajar como cortadores de caña en las plantaciones, a menudo en duras condiciones de explotación.
Como consecuencia de estas condiciones extremas, los guaraníes kaiowá han adoptado una estrategia conocida como retomada –la reocupación pacífica de pequeñas parcelas de tierra en sus territorios tradicionales– para intentar acelerar el proceso de devolución de sus tierras. Estas acciones se topan con amenazas, violencia y desalojos a manos de grupos armados contratados por los terratenientes. Varios líderes indígenas han sido asesinados. Los largos retrasos en los procedimientos judiciales para devolver tierras a comunidades y la ausencia generalizada de castigo a quienes han atacado y matado a indígenas han sentado las bases de una violencia continua.
Con la mecanización, que se extiende en el estado, y el estancamiento del proceso de demarcación de las tierras, la lucha de los guaraníes kaiowá por sus derechos es más urgente que nunca. El gobierno federal debe tomarse en serio los compromisos adquiridos en materia de derechos humanos.
Y, lo más importante, debe resolver todas las reclamaciones de tierras pendientes y garantizar que se pide y obtiene el consentimiento libre, previo e informado para cualquier decisión que afecte a las tierras tradicionales indígenas.
Foto: La comunidad de Laranjeira Ñanderu fue desalojada de sus tierras ancestrales en septiembre de 2009. Tras el desalojo, el terrateniente quemó las casas de las familias y todas sus pertenencias. Ahora viven en condiciones precarias junto a una carretera. © Egon Heck/arquivo CIMI

miércoles, 8 de diciembre de 2010