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martes, 29 de junio de 2010

La importancia del estudio de la mente desde una visión cristocéntrica

Tratar con las mentes humanas es la obra más delicada en la cual los hombres estuvieron  alguna vez ocupados. Conocer las leyes de la vida y obedecerlas con toda conciencia debe ser el deber de toda persona. Se debería estudiar la influencia de la mente en el cuerpo, la del cuerpo en la mente, y las leyes que los rigen. Es necesario educar y disciplinar la mente por medio del estudio, la observación y la reflexión. Es imposible concetarse a la mende divina a menos que se ponga en uso toda facultad. Las capacidades mentales, de ésta manera, se desarrollarán y fortalecarán. Hay que hacer esto con temor y humildad a Dios y ferviente oración. La disciplina propia de la mente capacitará para utilidad de ésta en esta vida y en la venidera. Grande conocimiento es el conocerse a sí mismo. El conocimiento propio lleva a la humildad y a confiar en Dios, pero no reemplaza a losesfuerzos para el mejoramiento de uno mismo. El que comprende sus propias deficiencias no escatimará empeño para alcanzar la más alta norma de la excelencia física, mental y moral.
Se debe tratar constantemente de progresar más y aplicar mejores métodos. La vida es de contínuo desarrollo. Ésto realizadfo bajo la tierna mirada de Dios dará frescura y un poder vivificante que despierta e inspira. Si se perfecciona la mente hasta lo máximo de nuestra capacidad, continuaremos durante las edades eternas estudiando los caminos y las obras de Dios, y sabiendo más acerca de él.
La mente debe ser disciplinada, educada y preparada. Muchas veces es necesario desechar la preparación y la educación de toda la vida, a fin de poder aprender en la escuela de Cristo. El corazón debe ser enseñado a premanecer firme en Dios. Todo acto, toda palabra, todo pensamiento, tiene que estar de acuerdo con estos principios.
Los que llegan a ser discípulos de Cristo encuentran que se les proporciona nuevos motivos de acción y que adquieren nuevos pensamientos, de los que deben resultar nuevas acciones, no obstante, todo esto sólo podrá ser el resultado de conflictos. Sólo se puede progresar a través del conflicto. Hay tendencias al mal, hereditarias y cultivadas, que deben ser vencidas. El triunfo sobre el yo y el pecado es de más valor que lo que la mente puede estimar.
Debe ser de vital importancia adquirir hábitos de orden, minuciosidad y prontitud. El ejercicio de la voluntad hará más diestras las manos. Es necesario desarrollar y educar toda facultad mental y física, y se debe hacer todo lo necesario para fortalecerlas.
Se debe tener presente que la educación es un proceso que debe proseguir toda la vida, cada día se debe aprender algo y poner en práctica el conocimiento adquirido.El cultivo del intelecto no ha de ser impedido por la pobreza, el orígen humilde o las consiciones desfavorables, un propósito resuelto, un trabajo persistente y la cuidadosa economía del tiempo capacitarán a los hombres a adquirir los conocimientos y la disciplina mental que los capacitarán para casi cualquier posición de influencia y utilidad. Mediante el cultivo de las facultades se pueden adquirir capacidades para realizar el mejor servicio. Entonces éstos serán solicitados en todas partes y serán apreciados en todo lo que valen.
Se necesita mucha sabiduría para tratar las enfermedades causadas por la mente. La simpatía y el tacto serán muchas veces de mayor beneficio para el enfermo que el tratamiento más hábil administrado con frialdad e indiferencia.
Hay que decidirse a ser útiles y eficientes, cabales y fieles, en todo lo que se emprenda. Es necesario combinar el estudio con el trabajo manual útil, y a través del esfuerzo fiel, la vigilancia y la oración se podrá adquirir sabiduría de orígen celestial. De esta forma se elevará el carácter, se adquirirá una influencia sobre otras mentes, para guiarlas al sendero de justicia y santidad.
La empresa de ganar la vida eterna es superior a toda consideración terrenal. A fin de conducir a las almas a Cristo, debe conocerse la naturaleza humana y estudiarse la mente humana. La reflexión cuidadosa y la ferviente oración capacitará para saber cómo acercarse a los hombres y mujeres a fin de presentarles el gran tema de la verdad. Mediante las provisiones de la gracia divina se podrá alcanzar casi la excelencia de los ángeles.



"Clama a mí, y yo te responderá, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces" Jeremías 33:3.



Material extraído del libro "Mente, carácter y personalidad" Tomo I de Elena G. de White.

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