Tratar con las mentes humanas es la obra más delicada en la cual los hombres estuvieron alguna vez ocupados. Conocer las leyes de la vida y obedecerlas con toda conciencia debe ser el deber de toda persona. Se debería estudiar la influencia de la mente en el cuerpo, la del cuerpo en la mente, y las leyes que los rigen. Es necesario educar y disciplinar la mente por medio del estudio, la observación y la reflexión. Es imposible concetarse a la mende divina a menos que se ponga en uso toda facultad. Las capacidades mentales, de ésta manera, se desarrollarán y fortalecarán. Hay que hacer esto con temor y humildad a Dios y ferviente oración. La disciplina propia de la mente capacitará para utilidad de ésta en esta vida y en la venidera. Grande conocimiento es el conocerse a sí mismo. El conocimiento propio lleva a la humildad y a confiar en Dios, pero no reemplaza a losesfuerzos para el mejoramiento de uno mismo. El que comprende sus propias deficiencias no escatimará empeño para alcanzar la más alta norma de la excelencia física, mental y moral.
Se debe tratar constantemente de progresar más y aplicar mejores métodos. La vida es de contínuo desarrollo. Ésto realizadfo bajo la tierna mirada de Dios dará frescura y un poder vivificante que despierta e inspira. Si se perfecciona la mente hasta lo máximo de nuestra capacidad, continuaremos durante las edades eternas estudiando los caminos y las obras de Dios, y sabiendo más acerca de él.
La mente debe ser disciplinada, educada y preparada. Muchas veces es necesario desechar la preparación y la educación de toda la vida, a fin de poder aprender en la escuela de Cristo. El corazón debe ser enseñado a premanecer firme en Dios. Todo acto, toda palabra, todo pensamiento, tiene que estar de acuerdo con estos principios.
Los que llegan a ser discípulos de Cristo encuentran que se les proporciona nuevos motivos de acción y que adquieren nuevos pensamientos, de los que deben resultar nuevas acciones, no obstante, todo esto sólo podrá ser el resultado de conflictos. Sólo se puede progresar a través del conflicto. Hay tendencias al mal, hereditarias y cultivadas, que deben ser vencidas. El triunfo sobre el yo y el pecado es de más valor que lo que la mente puede estimar.
Debe ser de vital importancia adquirir hábitos de orden, minuciosidad y prontitud. El ejercicio de la voluntad hará más diestras las manos. Es necesario desarrollar y educar toda facultad mental y física, y se debe hacer todo lo necesario para fortalecerlas.
Se debe tener presente que la educación es un proceso que debe proseguir toda la vida, cada día se debe aprender algo y poner en práctica el conocimiento adquirido.El cultivo del intelecto no ha de ser impedido por la pobreza, el orígen humilde o las consiciones desfavorables, un propósito resuelto, un trabajo persistente y la cuidadosa economía del tiempo capacitarán a los hombres a adquirir los conocimientos y la disciplina mental que los capacitarán para casi cualquier posición de influencia y utilidad. Mediante el cultivo de las facultades se pueden adquirir capacidades para realizar el mejor servicio. Entonces éstos serán solicitados en todas partes y serán apreciados en todo lo que valen.
Se necesita mucha sabiduría para tratar las enfermedades causadas por la mente. La simpatía y el tacto serán muchas veces de mayor beneficio para el enfermo que el tratamiento más hábil administrado con frialdad e indiferencia.
Hay que decidirse a ser útiles y eficientes, cabales y fieles, en todo lo que se emprenda. Es necesario combinar el estudio con el trabajo manual útil, y a través del esfuerzo fiel, la vigilancia y la oración se podrá adquirir sabiduría de orígen celestial. De esta forma se elevará el carácter, se adquirirá una influencia sobre otras mentes, para guiarlas al sendero de justicia y santidad.
La empresa de ganar la vida eterna es superior a toda consideración terrenal. A fin de conducir a las almas a Cristo, debe conocerse la naturaleza humana y estudiarse la mente humana. La reflexión cuidadosa y la ferviente oración capacitará para saber cómo acercarse a los hombres y mujeres a fin de presentarles el gran tema de la verdad. Mediante las provisiones de la gracia divina se podrá alcanzar casi la excelencia de los ángeles.
"Clama a mí, y yo te responderá, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces" Jeremías 33:3.
Material extraído del libro "Mente, carácter y personalidad" Tomo I de Elena G. de White.
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