... mientras leía "esto también pasará" sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque o debía haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.
El rey se sentía profundamente agradecido con el sirviente y el místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló en papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió sus ejércitos y reconquistó el reino.
El día en que entraba de nuevo victorioso, en la capital hubo una gran celebración con música y bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo. El anciano sirviente estaba a su lado en el carro y le dijo: "este momento también es adecuado, vuelve a mirar el mensaje"... El rey contesto: "qué quieres decir? ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación de vida o muerte"... El anciano respondió: "escucha, este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas, también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estés derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No sólo es para cuando eres el último, también es para cuando eres el primero"
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje. "ESTO TAMBIÉN PASARÁ", y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, y notó que el orgullo y el ego habían desaparecido.
El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado.
Entonces el anciano dijo: "recuerda que todo pasa, ninguna cosa, ninguna emoción son permanentes"...
Como el día y la noche hay momentos de alegrías y momentos de tristezas...
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